La agricultura de regadío utiliza alrededor del 75% del total del agua que se deriva en España para diferentes usos (Libro Blanco, 1998). Debido a un incremento de la demanda producido en otros sectores como es el caso del sector medioambiental, y el hecho de un excesivo desarrollo de regadíos (en relación a los suministros sostenibles). La agricultura de regadío ha sufrido un aumento entre los años 1983 y 2003.
El agua de riego a nivel de parcela se consume por transpiración del cultivo o por evaporación directa desde el suelo. A la suma de las dos vías se le denomina evapotranspiración (ET). Otras formas de pérdida de agua se producen por escorrentía superficial y percolación profunda. El uso beneficioso de agua de riego normalmente se ha asociado a la utilizada en los procesos de ET y a la fracción destinada a percolación en profundidad necesaria para mantener un balance de sales en la zona radicular de los cultivos. Más recientemente, se ha puesto énfasis en analizar la productividad del agua (WP) desde un punto de vista económico, social y medioambiental. La WP se define como la producción de un cultivo obtenida por unidad de agua utilizada en ET. En España la WP oscila entre 0.2 €/m3 en cultivos extensivos y 15 €/m3 en horticultura (datos del año 2005).