Claves para no tirar comida en casa

Claves para no tirar comida en casa

La compra

El primer consejo es planificar el menú, es decir comprar con previsión. Planear la comida necesaria para toda la semana, calcular el número de personas y los platos a cocinar. En definitiva, ir al supermercado con la famosa lista de la compra. La lista evita improvisaciones, olvidos de última hora y viajes de más a la tienda. “La falta de programación del menú y la consecuente compra de excedentes pueden generar más desperdicios”.

En casa hay que revisar la despensa, verificar qué productos ya tenemos en el armario y en el frigorífico para no comprar lo que ya hay en casa. Si compramos lo que no necesitamos, la comida acabará fácilmente en la basura.

Ojo con las ofertas. AVACU subraya que hay que valorar si las promociones y ofertas se ajustan a tus necesidades. “A menudo podemos encontrar productos que pueden salir más baratos si compramos packs de varias unidades que si lo compramos suelto. Pero es conveniente estudiar si vamos a poder consumir todos esos productos dentro de las fechas marcadas”.

A la hora de llenar el carro de la compra, la guía recuerda que hay muchos estudios que indican que ir a la compra con el estómago vacío nos impulsa a comprar más “caprichos y productos innecesarios”.

La cuenta

Ten en cuenta tu presupuesto, fija un gasto máximo y no te salgas de ahí. “Tirar comida equivale a tirar dinero”. Se puede ir ajustando el gasto eligiendo entre productos a granel o envasados, comparando entre distintas tiendas y entre marcas más caras y marcas blancas o productos recomendados.

Es importante revisar el etiquetado de los productos para saber la denominación de venta, es decir las condiciones en las que se presenta el producto: la lista de ingredientes, la cantidad neta y la fecha de caducidad o de consumo preferente.

La despensa y la nevera

Volvemos a casa. Hay que evitar que la despensa esté saturada para no tener productos escondidos por los siglos de los siglos. Recomienda AVACU que a la hora de almacenar la compra hay que dejar los recién comprados al fondo y los que ya teníamos delante para consumirlos por orden. “Lo primero que entró es lo primero que debe salir”.

Para que no se estropeen hay que tener en cuenta que pastas, arroces, cereales, o harinas, una vez abiertos, se conservan mejor en recipientes herméticos. Leche, nata o zumos, en la nevera.

El frigorífico debe estar a una temperatura de entre 1 y 5 grados y el congelador a -18. Los alimentos no deben tocar la pared del fondo de la nevera y hay que dejar espacio entre ellos para que circule el aire correctamente.

En la puerta, las bebidas, salsas y huevos. En la parte superior, los alimentos que requieren menos frío. En la central, yogures y lácteos. Abajo, los productos que piden más frío. Y en los cajones, frutas y verdura.

El plato

La Asociación de Consumidores avisa: lo que se queda en el plato no se puede recuperar. Así que recomienda servir raciones más pequeñas y repetir si uno se queda con hambre.

La comida sobrante que no se haya servido hay que guardarla. Si es un plato ya elaborado lo mejor es congelarlo. Y si es mucha cantidad, es preferible dividirlo en varias raciones y guardarlo en distintos recipientes. Las sobras de comida se deben congelar en recipientes limpios y que cierren herméticamente.

Si aún así sobra comida, en lugar de tirarla lo mejor es utilizar los restos para el día siguiente o para la cena: caldos de verdura, zumos o batidos de fruta, croquetas, pan rallado….

Los restaurantes

La guía de Avacu y Mercadona incluye también consejos para aplicar cuando comemos fuera de casa. Según un informe avalado por la Federación Española de Hostelería y Restauración, los restaurantes españoles desperdician más de 63.000 toneladas de comida al año.

El decálogo de la Asociación de Consumidores invita a pedir con moderación y a seguir una costumbre habitual en Estados Unidos y muchos países europeos: llevarnos a casa la comida que nos sobre en el restaurante.

Trucos en la cocina

  1. Podemos congelar verdura fresca que hayamos comprado: la troceamos, la hervimos durante unos cinco minutos, se deja enfriar y la guardamos, bien escurrida, en una bolsa apta para la congelación.
  2. Para conservar los ajos, podemos pelarlos e introducirlos en un bote hermético y guardarlos en el frigorífico o bien en un bote lleno de aceite.
  3. El pan de molde se conserva mejor en la nevera.
  4. Para proteger la sal contra la humedad, echa unos granitos de arroz en el salero.
  5. Si envuelves la lechuga en papel de periódico antes de meterla en el cajón de la nevera, se conservará más tiempo. Recuerda lavarla bien antes de consumirla.
  6. ¿Te ha sobrado salsa de tomate? Métela en la nevera en un bote de cristal cubriendo su superficie con aceite de oliva crudo para que el tomate no pierda sus propiedades.
  7. Cuando el queso esté empezado, evitarás la proliferación de hongos si lo envuelves con plástico transparente antes de guardarlo en la nevera.
  8. Para evitar que las magdalenas se resequen, introdúcelas en una caja metálica junto con una manzana entera bien lavada y seca.
  9. No laves la fruta antes de guardarla; lávala en el momento que vayas a consumirla, ya que la humedad acelera su deterioro.
  10. Las cebollas estropean las patatas cuando entran en contacto, así que es mejor guardarlas separadas.
  11. Si los cereales del desayuno se han reblandecido, mételos un minuto al horno, a unos 100ºC, tapados con papel de aluminio, y volverán a quedar crujientes.
Ahorra agua al lavar la ropa

Ahorra agua al lavar la ropa

¿Sabías que una lavadora convencional puede gastar hasta 200 litros de agua por cada carga de ropa?

Actualmente existen lavadoras ahorradoras que únicamente utilizan 80 litros, además estas lavadoras gastan menos energía eléctrica que las convencionales. Otro punto importante es que las lavadoras convencionales pueden desgastar más rápido tus prendas a comparación de las ahorradoras que lavan en menos tiempo la ropa.

Si ya cuentas con una lavadora convencional y no piensas generar un gasto para comprar una ahorradora, no te preocupes, aquí te dejamos algunos consejos para hacer más eficiente su uso y ahorrar agua y dinero.

  • Utiliza programas de baja temperatura siempre que la ropa no esté muy sucia, así reducirás el gasto.

  • Utilizar agua fría ayuda a que tu ropa dure más y preserva mejor los colores, además consumirás menos energía.

  • Separa la ropa blanca de la de color debido a que las condiciones de lavado son diferentes

  • Es muy importante clasificarla por el tipo de tela y tejidos, ya que los programas de lavado son diferentes para sintéticos y naturales.

  • Siempre sigue las indicaciones de lavado respecto a la cantidad de detergente que debes usar.

  • En las lavadoras ahorradoras es más eficiente usar detergentes líquidos (trata que estos de preferencia sean biodegradables)

  • Si tu lavadora tiene la opción de nivel automático de agua ¡úsalo!, así cuando laves una carga de ropa menor a la que acostumbras, la máquina calculará la cantidad de agua que se requiere sin desperdiciarla

  • Si utilizas detergentes biodegradables será más fácil reutilizar el agua para el WC, limpiar el piso de tu casa o inclusive para regar el jardín.

  • Trata de llenar la lavadora a toda su capacidad, así reducirás energía, agua, tiempo y dinero.

Ahorra en la factura de la luz y cuida el planeta

Ahorra en la factura de la luz y cuida el planeta

1. Ajustar la potencia. “Una de las cuestiones que más encarece el recibo de la luz es la potencia contratada”, afirma Enrique García, portavoz de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU). Cuanto más kilovatios se contraten, más cara será la factura y por ello resulta esencial ajustar la potencia a las necesidades, que variarán en función del número de aparatos eléctricos y, sobre todo, del uso continuo y simultáneo que se hagan de ellos. Una de las cuestiones que más encarece el recibo de la luz es la potencia contratada En concreto, cada 1,15 Kw de potencia suponen casi 50 euros al año, según datos de la asociación. En ocasiones, el consumidor mantiene la potencia contratada por el inquilino anterior o la elegida por la compañía eléctrica, una cantidad que puede estar sobredimensionada y habrá que nivelar. “Hay que medirlo bien. Si reduces potencia puede que tu demanda sea más alta y salte el indicador”, advierte García.

2. Tarifa regulada vs. libre. Mientras que el Precio Voluntario para el Pequeño Consumidor (PVPC) es una tarifa marcada por el Gobierno, las tarifas de mercado libre son ofrecidas por las comercializadoras. Es muy difícil establecer qué opción es la mejor, porque variará según la evolución del mercado y el perfil de cada usuario. “Las tarifas del mercado libre puede salir mucho más cara en ocasiones”, señala Rubén Sánchez, portavoz de Facua. “Con la coyuntura actual tan cara, puede que encontremos precios más bajos en el mercado libre, pero estos precios se van a actualizar en breve”. Por su parte, desde la OCU señalan que hay ofertas del mercado libre que son mejores que las del mercado regulado y lo mismo ocurre al contrario, por lo que el usuario tendrá que estudiar cada una en concreto en base a sus necesidades.

3. ¿Precio según horario? En función de los horarios de consumo del usuario, puede ser conveniente contratar una tarifa de discriminación horaria que tenga un precio diferente según la hora del día. Para tomar la decisión hay que estudiar cuándo realizamos las tareas que requieren mayor consumo, como poner la lavadora o cocinar. La tarifa es ventajosa cuando “realizas un 30% de consumo de la energía en el horario valle [tramo de menor consumo general y, por tanto, más económico]”, explica García. La tarifa suele contar con 14 horas al día baratas, normalmente desde las 22.00 o 23.00 horas hasta las 12.00 o 13.00 horas del día siguiente. Desde la página web de Red Eléctrica de España se pueden consultar los precios del día siguiente para los que cuentan con una tarifa horaria, una opción disponible tanto en el mercado libre como en el regulado.

4. Controlar el calor de la casa. La temperatura razonable de una casa oscila entre los 19 y los 21ºC en invierno, según la OCU. Por la noche, los grados en las habitaciones deberían bajar entre 15 y 17ºC. “Son temperaturas de confort razonable, que no tienen que ser los 25 grados en invierno ni los 19 en verano”, recuerda García. La temperatura razonable de una casa oscila entre los 19 y los 21ºC en invierno Para no desperdiciar energía, hay que limpiar los radiadores y despejarlos de ropa para que el aire se difunda correctamente. Además, se recomienda purgar los radiadores al comienzo de la estación.

5. Escoger la calefacción. Para elegir entre electricidad, gas natural, propano, gasóleo u otro tipo de sistemas, habrá que revisar, una vez más, las necesidades de cada usuario. Su elección dependerá principalmente del tipo de clima, del tamaño del hogar y del uso. “Depende del perfil del consumidor y del uso que le vaya a dar al servicio”, explica Sánchez. “Hay quien le viene mucho mejor tener gas canalizado porque va a utilizar muchos equipos y hay quien lo utiliza solamente para el agua”, ejemplifica.

6. Lámparas de bajo consumo. Aunque no es de las partidas más costosas, la iluminación abulta la factura final. “Las bombillas de bajo consumo son un ahorro interesante a medio plazo. Hay que hacer una inversión, pero luego se nota y merece la pena”, afirma Sánchez. Las bombillas incandescentes, prohibidas por la Unión Europea en 2012, son de las más contaminantes. En el lado contrario, el LED es una de las bombillas más eficientes, dura mucho y consume muy poco. Otra opción son las lámparas fluorescentes compactas o de bajo consumo.

7. Invertir en electrodomésticos y en aislamiento. “Merece la pena comprar electrodomésticos eficientes. Aunque son más caros al principio, durante la vida útil de los mismos se muestra que es más barato”, señala García. En el uso cotidiano de los aparatos del hogar, hay pequeñas prácticas que ayudan a bajar el recibo mensual. Por ejemplo, aprovechar que calentamos el horno para introducir varios alimentos a la vez o no abrir la puerta al menos que sea necesario, puesto que se pierde calor. También se puede apagar un poco antes de terminar de cocinar para emplear el calor residual. El LED es una de las bombillas más eficientes Una casa también puede ahorrar energía con un correcto aislamiento térmico. Gran parte del calor de un hogar se pierde por el tejado, los muros, los huecos de las puertas y las ventanas.

8. Evitar el consumo fantasma. Utilizar regletas con interruptor nos ayudará a reducir la factura ya que evita el ‘stand by’, cuando un aparato se encuentra enchufado a la red aunque no se utilice. Este consumo llega a robar entre el 7 y el 12% de media de la electricidad del hogar, según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía (IDAE). También es aconsejable apagar las luces de las habitaciones cuando no hay nadie dentro e, incluso, apagar la calefacción de una sala si va a estar desocupada un tiempo determinado.